La vida en el campo era para mí un cambio muy grande. Por momentos, era monótona y cansadora porque todo había que hacerlo a mano y siempre me mandaban a mí a hacer las tareas pesadas. Gregorio, mi hermano, siempre se quedaba en la casa inventando algún juego o excusa para no hacer lo que le mandaban. Era de ésos a los que uno le decía que estaba estudiando cuando lo mandaban a ordenar el cuarto y decía que estaba ordenando el cuarto cuando lo mandaban a estudiar.
Como era muy importante para nuestros padres que estudiáramos y resultaba complicado enviarnos al colegio porque quedaba lejos, mi padre siempre iba a la ciudad y nos traía las cosas para hacer los deberes. Yo no entiendo cómo era la cosa pero sé que había una hora determinada en que todos debíamos hacer los deberes y sólo Daisy y yo la cumplíamos.
Al llegar al campo, me hice amigo al instante de los chicos que estaban más cerca. Había tres varones y tres chicas. De los varones, el que mejor me cayó fue Marcos porque Roberto e Isidro me trataban con cierta distancia sólo porque Berenice (la mayor de las chicas) parecía especialmente interesada en mí. Lilen, Sora y ella siempre me buscaban para hacer alguna cosa: charlar, tomar mate o para que escuchara sus canciones. Las tres cantaban lindo pero yo me sentía un poco incómodo estando solo con ellas porque sabía del interés de Berenice en mí.
Un día, las escuché cuchichear a las tres acerca de una forma de acercarme más a Berenice y comprendí que lo mejor sería tomar distancia porque Berenice no era mi tipo y porque no me gustaba llevarme mal con Roberto e Isidro por causa de ella. Así, empecé a hablarme más con los muchachos y comprobé que, cuando hacía eso, el grupo se empezaba a segmentar en varones y mujeres. Algo no andaba muy bien…
Al final, decidí que lo mejor era no buscar demasiado a los chicos ni unirme oficialmente al grupo. Opté por hacerme amigo de otros niños que daban vueltas por allí pero noté que en el grupo de Roberto, las cosas habían cambiado definitivamente. Marcos era el que me contaba siempre todo lo que pasaba y que Roberto no me tenía mucha simpatía.
Como vi que debía frenar todo este malentendido, decidí plantarme frente a Berenice y hablar con ella cara a cara. No temía que ella fuese a hacer algo para meterme en problemas porque no parecía una chica sin escrúpulos. Una tarde que ella estaba hablando con Lilen y Sora, me acerqué a ella y le dije que quería hablar. Ella trató de disimular la emoción mientras Lilen y Sora le dirigían una mirada pícara que no se me escapó.
Cuando estábamos solos, le dije:
- Mirá, Bere, yo sé que las cosas entre ustedes están andando un poco mal desde que llegué y pensé que vos…
- ¿Yo qué? ¿Qué querés de mí? – me preguntó ella y yo estoy seguro de que esperaba una declaración de amor.
- Que vos eras el problema. Desde que llegué, Roberto se porta antipático conmigo y me dijeron que es porque últimamente le has estado cortando el rostro… por mi causa. – Bere puso los ojos en blanco, en señal de hastío.
- ¿Y qué?
- No, te quería decir que… bueno, vos me caés bien pero… no me gustás… y yo no quiero pelearme con Roberto por lo que le hagas… qué sé yo… si él gusta de vos, deberías darle una oportunidad. – le dije. No sé por qué creí que ella se iba a poner a llorar. Tal vez yo estaba un poco agrandado o tal vez era porque ella se dio vuelta y no me dijo nada. – Mirá, no te pongas mal, yo no te quería lastimar…
- Mirá, Daniel – me dijo, entonces, con voz firme. – si no le caés bien a Roberto, no es culpa mía. Él no es mi novio ni nada y yo tengo derecho a estar con quien quiera. – Bere se dio vuelta y me miró con los ojos llenos de fuego – Y, para que sepas, me enferma que te quieras hacer el caballero cuando hace buen rato que me querés mandar a pasear. Yo no soy sensible y lo que vos me decís, la verdad, no me pincha ni me corta ¿entendiste? – Berenice se alejó de mí y me quedé con el corazón oprimido.
Yo quería solucionar las cosas para no tener un enfrentamiento ni ganarme a un enemigo y, por intentar evitar tener roce con Roberto, había ganado que Berenice me tuviera bronca. Admito que me molestaba un poco que siempre me buscase con cierto interés, pero ya había comprobado que con los demás ella era una persona bastante agradable y carente de falsedad. ¿Y qué dirían Lilen y Sora? ¿También me iba a pelear con ellas? ¿Ahora ninguna de las tres volvería a dirigirme la palabra?
Al día siguiente, sin embargo, el alboroto de las chicas se había terminado. Lilen y Sora no me buscaban tanto pero tampoco me trataron distinto de lo normal. Berenice, claro, sí estaba enojada conmigo y se había vuelto muy distante. Al principio, me tiraba indirectas o me decía cosas con las que yo no me daba por aludido (que la había hecho ilusionar al pedo, que era un careta, que sacrificaba una amistad por un tipo al que yo nunca le agradaría del todo…) y a mí me molestaba mucho pero no decía nada. Después, ella se volvió más callada y taciturna. No me miraba a la cara ni me hablaba si yo no le hacía una pregunta casual (y, casi siempre me contestaba con monosílabos).
No les cuento eso porque me afecte sino porque es el comienzo de la mitad de la historia de mi vida. Y no es que ella fuera el amor de mi vida sino, más bien, el enredo de mi vida.

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